sábado, enero 08, 2005

Lenguajes

No, no voy a hablar sobre lenguajes de ordenador, sino sobre el que sirve para que los humanos nos comuniquemos. Y es que después de una tarde muy agradable con otros bitacoreros, he llegado a la conclusión de que a los abogados nos hace falta un esfuerzo aún mayor del que intentamos realizar (no en todas las ocasiones, desde luego) para acercar las normas a los ciudadanos.

En general, los abogados somos rebuscados y tendemos a rebozar cualquier reflexión o explicación con un montón de palabras que muchas veces no añaden nada al asunto; y, no podemos negarlo, en alguna oportunidad podemos resultar hasta pedantes. Si todos esos ingredientes se los añadimos a la legislación relativa a las nuevas tecnologías creamos un cóctel desde luego nada atractivo. Si de por sí éstas le resultan a mucha gente algo demasiado complicado, añadir un lenguaje más difícil no hará sino alejarlas aún más de sus posibles usuarios.

Las nuevas tecnologías y la legislación que se les aplica son lo suficientemente importantes como para que los abogados nos abstengamos de contribuir con nuestro uso excesivamente técnico-jurídico del lenguaje al desinterés de los particulares.

Tenemos suficiente con escuchar lo difícil que le resulta al ciudadano de a pie (en Derecho, el justiciable) entender de por sí una ley emanada del legislativo, y por supuesto, una sentencia emitida por un Tribunal. No se lo pongamos nosotros más difícil.