miércoles, diciembre 22, 2004

Patentes y despotismo democrático

Hace unas horas leía en prensa, a Fernando y a Pedro al respecto de que Polonia se opone "for now (de momento)" a la directiva sobre patentes de software que parece ser la Presidencia holandesa de la Unión se empeña en aprobar de una manera según cuentan bastante irregular. Particularmente me preocupan - y deberían preocupar a los que mandan - tres aspectos, que intentaré resumir a continuación:

1.- La aprobación de esa Directiva provocaría un cambio radical en la concepción jurídica que en torno a la diferencia entre propiedad intelectual y propiedad industrial viene presidiendo el Derecho continental y especialmente el español, modificando los esquemas legales hasta ahora vigentes. La patentabilidad tal y como los estadounidenses la contemplan no me parece demasidado aceptable ni especialmente recomendable (poder haber patentado el carrito para la compra en internet choca con mi formación y con mi sentido común, salvo que alguien me convenza de lo contrario, por supuesto).

2.- ¿Dónde queda el software libre?.La comunidad que lo desarrolla y usa tiene todo el derecho y creo que toda la razón al manifestar su preocupación y temor ante lo que significaría su práctica desaparición. Y eso sería algo malo, muy malo, porque el software libre ofrece también posibilidades muy atractivas para todos los que usamos la informática.

3.- Aprobar esta Directiva significaría necesariamente la aparición de una brecha muy importante entre nuestros representantes y los ciudadanos (que por cierto, existe ya). Así por ejemplo, Hispalinux se plantearía defender el no a la Constitución europea en ese caso, y ahí ya hay muchos intereses en juego. Además, los políticos todavía no son plenamente conscientes del poder de internet; y la comunidad del software libre hace tiempo que domina ese espacio.

En Europa se están jugando muchas cosas al margen de la ciudadanía, sobre la cual debería sustentarse verdaderamente la Constitución europea (que por cierto es tan sólo un tratado y no como tal un texto constitucional). Es por ello que no debe soslayarse el peligro de utilizar métodos más propios del despotismo ilustrado frente a una sociedad que se articula ya en torno a internet, una herramienta donde la libertad prima por encima de todo.

Aviso a navegantes (y no precisamente internautas).